viernes, 25 de septiembre de 2015

Al Sureste de Amsterdam


Muiderslot
Hoy día lluvioso. Comemos con David en la empresa pero antes una compañera muy amable a la que también visitan sus padres, nos muestra las colmenas que montaron hace 3 años y que mantienen varios compañeros voluntarios entre los que se encuentra ella misma. Se trata de un proyecto medioambiental que cuenta con el impulso empresarial de Cisco en otros tres países europeos y que forma parte de iniciativas igualmente potenciadas por el ayuntamiento de Amsterdam. Como digo yo, igual que en Telefónica. Igual que en España...
Lo que hay que hacer para comer miel... 
Tras la comida intentamos visitar Muiderslot, bonito castillo en el hermoso y pequeño pueblo de Muiden. La lluvia no permite fotografiar los hermosos parajes que lo circundan así que tras un par de rápidas instantáneas, seguimos al SE hasta Naarden. Se trata de un pueblo fundado a mediados del siglo XIII y que quedó destruido por unas inundaciones en 1350 reubicándose a partir de entonces en el emplazamiento actual. El casco urbano permanece empedrado prácticamente en su totalidad, y las calles son muy rectas y paralelas con las típicas construcciones holandesas tan bellas y pintorescas. Pero lo realmente sorprendente es el conjunto de canales que a modo de foso lo circunda. Nos ha sido imposible lograr una fotografía que dé idea de la bella filigrana que forman. He recurrido a una de las múltiples imágenes de internet, donde he señalado con un círculo rojo la pequeña porción que aparece en nuestras fotos. La lluvia no ha dado tregua y el cielo encapotado ha hecho que los colores no queden excesivamente lucidos. Otra vez será.
Entrada a Muiderslot. Galería de armaduras
Naarden
Porción de los canales-foso


Zona de la foto anterior. Imagen: http://www.thestate.ae


jueves, 24 de septiembre de 2015

Ruta por el norte de Amsterdam

Volendam desde el muelle
Hoy miércoles David nos ha recomendado ir a Heemskerk, un pueblo con un hermoso castillo y una zona costera con extensas dunas y bosques. Está situado unos 40 km al NW y con las estupendas carreteras del país se llega en un rato. Entretanto el paisaje sigue siendo muy uniforme pero no por ello menos hermoso. Praderas infinitas de pasto para el ganado y campos de cultivo entre los que se intercalan granjas, bosques y pueblos de casitas picudas y coloreadas. Y canales. Muchos y de todos los tamaños. Holanda es igual y diferente cada día. En el pueblo hemos localizado el castillo convertido en un hotel B&B con unos jardines espléndidos y muy cuidados con dos estanques y algunas estatuas. Había tres personas trabajando esta mañana y se ve que les cunde porque el césped era perfecto, los setos impecables y la zona de jardín muy pulcra a pesar de que las flores en esta época no ofrecen su mejor sonrisa... El castillo está rodeado por un amplio foso donde nadan los patos con elegancia y tranquilidad.
Vista posterior del castillo
Fuente y estatua en los jardines
De ahí hemos ido a la zona de bosques y dunas y la playa de Castricum. Sorprende la amplia faja costera que ocupan las dunas. Sorprende igualmente ver elevaciones en el horizonte. Y sorprende escuchar el fragor de las olas desde lejos. Lástima que la soleada mañana se haya tornado fuertemente lluviosa y nos hayamos tenido que retirar apresuradamente.
El mar del Norte en Castricum

Insólito paisaje de dunas en Castricum

La lluvia cesa al alejarnos de la costa y dirigirnos hacia el SE a Edam. Pueblo famoso por sus quesos  del mismo nombre y muy bonito en su conjunto. Estupendo parking gratuito (por espacio máximo de 4 horas) situado justo junto a la entrada. 

Canal en el centro de Edam
Entrada a Edam
Tras comer algo por el centro hemos ido hacia Volendam, precioso pueblecito costero donde ya estuvimos en 2012. La lluvia vuelve a presentarse pero parece que con intención de quedarse y finalmente compramos un paraguas. Entramos en una fábrica-museo de queso y degustamos algunas especialidades. Finalmente compramos uno casero de vaca y otro de cabra ahumado (exquisito).


Ya con la lluvia y viento desagradables damos por finalizada la ruta y optamos por ir a recoger a David, previo atasco inesperado en la autovía que me obliga a rodear por Ijburg y hacer algo de turismos adicional.
Volendam. Espectacular expositor de quesos

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Hasta Zaanse Schans

Zaanse Schans
Parece un nombre oriental pero es holandés. No conozco la traducción pero se trata de un barrio de Zaandam en el municipio de Zaanstad al norte de Amsterdam y distante unos 20 km. Ya hemos ido un par de veces los años anteriores pero en coche. Hoy toca bici. He pasado por el ferry del puerto y regresado por el de más al SE que ha modificado su parada en la orilla sur y me deja justo al comienzo de la calle de David. Hay que aclarar que en Holanda (al menos en la zona de Amsterdam) los servicios de ferry son gratuitos para peatones y bicicletas (y ciclomotores) y funcionan con distintos intervalos las 24 horas. Hay que pensar que los canales provocan en ocasiones que el tránsito por carretera entre determinados puntos sea muy largo cuando no inviable. Es el caso de la ruta de hoy en que las carreteras (autovías) que unen las dos orillas del río Amstel pasan bajo él por túneles prohibidos para vehículos de dos ruedas.
El viento hoy ha sido regular y más o menos lateral así que no ha sido muy molesto. Me he picado con algún señor (o señora) mayor que me han adelantado muy rápido y, tal como imaginaba, iban sobre bicis con ayuda eléctrica al pedaleo. Es fácil. Te pones a su rueda un rato y poco a poco aceleran y siguen acelerando y cuando ya están nerviosos les pegas una pasada y... la batería ya no da más de sí, jaja....
Bueno, en Zaanse Schans la actividad más importante es la fabricación de chocolate lo que hace que el pueblo entero huela a chocolate. Los molinos eran,  y aun alguno sigue siendo, usados para moler semillas y especias, aserradero... durante el siglo XVII en que hubo más de 100 trabajando a pleno rendimiento. Una visita que no debe faltar en un viaje por Holanda.
Al regreso he preguntado porque estaba desorientado y tras varios intentos de localizar a alguien con cabeza (a los que preguntaban me enviaban de regreso hacia atrás) me he encontrado con un chico que casualmente iba para allí y hemos ido charlando en mi "spanglish macarrónico" pero nos hemos entendido más o menos.

Ferry en el puerto

A bordo

Vista general de algunos molinos

Curiosos edificios en Zaandam

Reliquia de la II Guerra Mundial

domingo, 20 de septiembre de 2015

Rodando por Amsterdam


Castillo de Muiden
En los 4 días que llevamos aquí solo ha llovido dos veces (la primera ha estado lloviendo tres días y la segunda un día). Hoy viernes por fin amanece seco y soleado y he sacado un rato para salir con la 29 de David. He fijado como destino el pueblo de Muiden situado a unos 20 km al suroeste y que alberga un hermoso castillo. Memorizo el itinerario en el móvil y me lanzo a la calle. Las gafas de la bici se han quedado en Cáceres así que me voy con las de calle (al menos veré bien el teléfono jeje...)
Los primeros kilómetros me oriento bien por los carriles bici de las calles adyacentes. Poco a poco me alejo de las zonas conocidas y el gps deja de señalar mi posición, así que empiezo a orientarme por el sol (y por el viento sur que zurra bastante). Tras algunas confusiones que logro corregir sin demasiado me decido a utilizar la técnica que nunca falla (al menos cuando hablas el idioma adecuado) El para-y-pregunta-coño! Me adentro en el Diemerpark (en las inmediaciones de la ciudad de Diemen)  cuyos caminos se hallan señalizados perfectamente. Los senderos atraviesan zonas arboladas primero y pantanosas después luego bordear el IjMeer o mar interior donde se bañan y pescan cisnes patos y cormoranes. Poco después aparece la zona de hierba donde pasta el ganado vacuno (vacas) y lanar (ovejasvaca o vacaovejas, juzgad por las fotos). Poco después desemboco en el puerto deportivo de Muiden y me adentro en el casco urbano para ir al castillo. No lo consigo porque el puente sobre el canal que debo atravesar está abierto para dar paso a dos o tres barcos y se amontonan los coches peatones y ciclistas. Así que hago un par de fotos y me doy la vuelta regresando por otra zona del pueblo entre bucólicos canales en los que las ramas de los árboles llegan hasta el agua creando preciosas estampas.
Garza junto al carril
Patos y cisnes en el Ijmeer
Sigo el carril bici contiguo a la carretera y autovía hasta Diemen donde me desvío al oeste (demasiado hasta que me doy cuenta que el sol está donde no debe jaja...) y entro en Amsterdam por el Amsterl Business Park, donde se alzan los únicos rascacielos visibles desde lejos y gracias a los que logro orientarme. Finalmente llego a casa sin novedad. Me han salido 40 km en algo más dos horas, pero entre el viento, la tensión de orientarme, y el estrés de moverte entre el tráfico de todo tipo, la verdad es que he llegado cansadito. Quizá las dos semanas que llevo parado también hayan influido, jaja....
Ovejasvaca o Vacaovejas??
Carretera interrumpida por paso de barcos en Muiden


jueves, 17 de septiembre de 2015

Día por Rotterdam y más


Kinderdijk
Jueves 8:30 h. David tiene un evento de trabajo en la zona de Rotterdam (Ridderkerk) así que le llevamos junto con un compañero y mientras ellos hacen sus tareas nosotros nos vamos a turistear por los alrededores. Empezamos por Kinderdijk, un pueblo situado en la confluencia de tres ríos en el que se asientan una serie de 19 molinos de viento. El lugar es patrimonio de la Unesco desde 1997. Los molinos se construyeron en el siglo XVIII inicialmente en madera y posteriormente en ladrillo, y el sistema motriz fue evolucionando desde el viento hasta el gasoil y la electricidad en los últimos tiempos. Su misión en todo caso era la de equilibrar el nivel de las aguas entre los ríos para evitar inundaciones manteniendo además una humedad adecuada en los suelos de cultivo. La visita puede realizarse a pie, en bicicleta o en barco, pudiendo visitar dos de los molinos convertidos en museo y pudiendo ver además un audiovisual (solo en inglés o francés, preparaos...) donde se cuenta la historia completa. Los molinos museo recrean el modo de vida de la época y se ve el funcionamiento de las aspas, el eje y las palas. La torre donde se instalan las aspas es giratoria y se orienta mediante un sistema de polea mandado por un volante y asegurado con cadenas a unos pivotes de piedra distribuidos alrededor del perímetro del molino. La pena es que se ha puesto a llover con intensidad y con bastante aire, con lo que las fotos han quedado poco lucidas (y nosotros algo empapados...)


Dormitorio y ajuar de la molinera
Ya la hora de comer encima, hemos ido hasta Rotterdam y hemos localizado -con bastante dificultad por los cortes de calles y obras de peatonalización en el entorno inmediato- un curioso y afamado mercado y centro de restauración llamado Markthal. Su diseño en forma de túnel o semicilindro hueco es totalmente inédito. Las paredes del túnel son en realidad viviendas con ventanas al exterior e interior del recinto, que está decorado con motivos florales y de naturaleza muy colorido. Las dos bocas del túnel están acristaladas y por una de ellas se ven las casas cubo y una curiosa torre (de cuyo nombre no he logrado enterarme...). En el interior hay numerosos puestos de fruta, carne, pescado, pastelería... una tienda de comida china y restaurante... Se puede comer casi de todo y a precios asequibles en un ambiente de lo más curioso y modernista. 
Casas cubo

Markthal

Interior de Markthal
Hemos deambulado un poco por los alrededores donde se localizan varias calles de tiendas de todas las marcas habidas y por haber y "enseguida" nos hemos dirigido a Dordrecht (disfrutando los imponentes atascos en los anillos de Rotterdam y pueblos limítrofes). Se trata de un pueblo con gran tradición en el comercio marítimo como lo atestigua su importante puerto fluvial sobre el río  Merwede. En el centro hemos paseado por una zona peatonal con elegantes edificios  y numerosos comercios y lugares de ocio y restauración, y hemos contemplado algún canal con las típicas casas agolpadas sobre sus orillas. 
Plaza de Dordrecht

Hermoso edificio
Y sobre las 20:00 hemos recogido a David en el muelle del waterbus (como si fuera un andén de estación de tren pero flotante) donde les ha dejado el barco en que ha culminado su jornada laboral con los clientes. En España les habrían llevado de copas pero estamos en Holanda....

Hemos llegado a Amsterdam a las 21:30 h. Una jornada agotadora de más de 13 horas pero que nos ha resultado provechosa a cada uno en lo suyo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Andar en bicicleta en Amsterdam

Truñobike de David
No voy a escribir un manual para turistas avezados que quieran probar el riesgo sobre dos ruedas. Pero me apetece describir cómo se vive en primera persona el rodar entre el gentío, la multitud de bicicletas, motos, coches, autobuses y tranvías... Es algo curioso de ver y espectacular de comprobar por uno mismo. Hoy tenía que arreglar la BTT de David que está pinchada y he pensado hacerla tubeless o como mínimo unas cámaras con líquido antipinchazos. Así que he buscado por la zona tiendas para comprar cualquiera de ambas soluciones. Por la mañana me he acercado a un taller de alquiler venta y reparación que es lo habitual en Amsterdam. La cara que han puesto con mi "inglis-camiseta" no ha sido nada comparado con lo de "tube with liquido inside". Por lo visto ni saben lo que es...

La mañana era relativamente agradable con sol a ratos y mucha gente por la calle. Mi itinerario discurría por las márgenes de un canal (siempre más estrecho que una calle completa, pero con el tráfico rodado organizado en un único sentido en cada margen y a tramos restringido solo a bicicletas. Aun así manejar el truño-bike de David tiene su miga. Quizá deba empezar por explicar qué es exactamente el invento (ver foto de arriba): Es la típica bicicleta de aquí, sin barra -lo que llamamos allí "bici de chica"- de rueda 700 y con un cuadro bastante grande al que remata un manillar ancho con mangos paralelos a la marcha y una potencia altísima que casi va rozando las nubes. Para más inri no lleva frenos al uso, sino que es necesario accionar los pedales a la contra para actuar un freno de inercia en el eje trasero. Todo un poema oiga... Cierto que tiene algunas ventajas como poder libera una (o las dos) manos para llevar paraguas, bolsa de compra, el móvil (aquí hablar y chatear en marcha no está penado como en el coche, jaja...). Mejor ved una foto

Una vez puestos en situación, hay que familiarizarse con la montura. Subir y bajar no es algo baladí. Claro, en tu bici te colocas, subes el pedal para ponerlo a media altura y dar impulso para arrancar y.... mierda!! no se puede dar pedales para atrás!!! Con suerte no pierdes el equilibrio hacia el lado equivocado y evitas el primer hostiazo. Cuando resuelves el leve entuerto comienzas el pedaleo y la verdad es que no es para tanto. Hasta que al llegar a una curva quieres colocar el pedal del interior en alto como debe ser y... coño!! frenas sin querer!!... Y así durante un buen rato hasta que te vas haciendo. Y a la hora de parar pues lo normal. Vas frenando como ya has practicado este rato y te acercas al sitio donde echas pie a tierra. Pero claro, si llevas algo de velocidad como acostumbras, vas a "matar" la inercia con el freno y posar en tierra el pie que llevas preparado y... que no paro!!! que me voy contra la pared!! y zapateas contra el suelo desesperadamente intentando contener el último (y traidor) soplo de inercia o "arrancada" como lo llamamos en náutica. Finalmente paras y suspiras largamente.
Y en medio, aunque no lo he contado, las cosas no son tan simples. Hay que mezclarse con el continuo fluir de bicicletas teniendo cuidado con casi todo: Si hay mucho tráfico toca ir en fila y con cuidado porque a la mínima que te abras pueden suceder varias cosas:
1.- Que te venga un rapidillo por detrás en cuyo caso:
    a).- Te toca el timbre y pasa de ti
    b).- Te dice algo en holandés (imagino) y pasa de ti
    c).- Te lleva por delante y se abre un mundo de posibilidades (ninguna buena)
2.- Que venga alguien de frente (sin supuestos)
3.- Que el de delante (que ha dejado caer una mano distraídamente) gire y:
     a).- Te lo comes
     b).- Lo esquivas hábilmente  (vuelve a empezar la opción 1)
Obvio la fruslería de parar en los semáforos, pasos de cebra, ceder paso al tranvía cuando tiene preferencia, esquivar los peatones que acostumbran a pulular por todos sitios... En fin, una aventura digna de la selva amazónica.

Como os he dicho antes en la tienda no he encontrado lo que quería. Así que a la tarde Y por la tarde la cosa ha sido parecida pero con el agravante climatológico. Según he salido ha empezado a llover a cántaros. Lo primero que piensas es darte la vuelta. Pero a tu alrededor la gente parece impermeable... o lerda porque no se alteran y siguen dando pedales como si nada. Todo lo más alguno acelera un tanto la marcha. He tenido que guardar las gafas en el bolsillo porque mojadas no me sirven ni en bici ni a pie. Una vez llegado a la zona no encontraba el garaje-tienda al que me dirigía, así que me he colocado bajo techo para consultar el móvil sin que se inunde. Pero no entraba cobertura. Así que me he puesto a dar vueltas hasta que lo he encontrado. Como tampoco tenían nada referente a líquido en las cámaras me he traído una nueva y una caja de parches. De vuelta a casa la lluvia ha arreciado y han sonado algunos truenos casi encima. Pero una vez más la peña pasa de todo. Como si el cielo se cae a pedazos. Ellos siguen a su aire ajenos a nada que les distraiga. He llegado a casa algo mojado aunque podía haber sido peor. Por lo menos no me he caído....


sábado, 12 de septiembre de 2015

Amos P'Amsterdam otra vez...

Mont Saint Michel

El año pasado fallamos porque David vino unas cuantas veces y no hubo forma de cuadrar fechas. Así que este 2015 hemos reeditado la aventura por carretera pero cambiando un poco el itinerario, que París ya está muy visto. Elegimos una ruta por el noroeste visitando Saint Malo, Mont Saint-Michel, L'Etretat, Calais y lo que surja. Salimos el viernes 11 temprano mientras Ander marcha a su trabajo. La cosa por días ha quedado así:
Viernes
A las 8:00 arrancamos dirección Francia por la A8. Buen tiempo con nubes y claros pero sin amenaza de lluvia. Atravesamos Baionne sin novedad, no así Bordeaux que - como casi siempre- nos ofrece unas espléndidas retenciones en su circunvalación. Tras alguna parada en las áreas de descanso-servicio en la A10 pasamos cerca de la Rochelle sobre las 13:00. Buen plan para llegar a comer en próximos viajes. En la variante de Niort nuevo y fenomenal atasco (buochon le dicen por aquí....). Otro tanto sucede en Nantes. Rennes lo circunvalamos con idéntica lentitud. No sabemos si por viernes o porque sí pero con lo bien que se viaja por la red principal las circunvalaciones (peripheriques) dejan la velocidad media por los suelos. No es de extrañar que lleguemos a Saint Malo (880 km) casi a las 19:30. Registro en el hotel y nos acercamos al recinto amurallado junto al puerto. Saint Malo, situado en plena regiónó de Bretaña, es conocida como la Ciudad Corsaria. Una maravilla arquitectónica e histórica que bulle de turistas recorriendo sus calles empedradas repletas de restaurantes, hoteles, pastisseries y tiendas de souvenirs, ropa... Merece la pena alojarse en el recinto "intramuros" aunque los precios no son precisamente baratos -muy por encima de 100 euros la noche- La tarde ha quedado muy encapotada y hay poca luz para sacar buenas fotos pero alguna logramos.
Puerta acceso a Saint Malo intramuros
Vista desde la muralla

Sábado
8:15 Salimos para Mont Saint Michel para verlo con algo de agua pues la pleamar ha sido a las 7:25 y con un coeficiente alto pero no demasiado. Hay que decir que en esta zona la marea se retira y avanza en cada ciclo casi 15 km y lo hace a una velocidad de paso humano. En las épocas de mareas vivas (y setiembre lo es) el puente de acceso ha llegado a quedar sumergido, mientras que en las bajamares el peñasco queda anclado en un gigantesco arenal. La zona es absolutamente turística y a las 9:00 cuando aparcamos (en uno de los numerosos y extensísimos parkings) ya se empieza a ver afluencia masiva de gente. Hay un servicio de autobuses gratuitos cada 8 minutos desde allí hasta la base del islote. En el que hemos usado nos ha tocado una excursión de jubilados y otra de chinos. Sin comentarios.
Si Saint Malo nos pareció precioso por dentro, Mont Saint Michel te deja sin palabras. Tanto las calles empedradas, los edificios y angostos pasajes entre ellos, el puente levadizo, la imponente abadía que lo corona son merecedoras de cientos de fotos. La abadía, fundada sobre el siglo X y que ha sufrido numerosas ampliaciones hasta nuestros días resulta ser una compleja obra arquitectónica que logra a base de criptas y columnas elevar unos imponentes murallones y contrafuertes que confieren el fiero aspecto que se aprecia desde la lejanía y que te hace pequeño cuando te vas acercando por las empinadas escaleras.
Mont Saint Michel- Puente levadizo

Una de las criptas de la Abadía
Ya de camino atravesamos una zona rural donde paramos a comprar sidra y paté típicos de la zona. También aprovechamos para visitar de casualidad un cementerio alemán de Mont de Huisne donde reposan ni más ni menos que casi 12.000 de los soldados que perdieron la vida en las cruentas batallas libradas en toda Francia. Sobrecoge ver ofrendas florales en algunos nichos (todos tienen nombre apellidos y fechas de nacimiento y muerte). En esta región de Normandía -tristemente célebre por el desembarco del mismo nombre- existen en total 6 cementerios alemanes y uno estadounidense donde reposan los restos de varias decenas de miles de soldados. Mudos pero muy expresivos testimonios de la estupidez y crueldad humana. 
Ofrenda en un nicho

Aspecto general del cementerio
Ponemos rumbo a Le Havre, uno de los principales puertos de Francia situado en la desembocadura del Sena y que se atraviesa mediante el impresionante puente de Normandía con una altura de casi sesenta metros y bajo el que transitan los enormes cargueros.
Algo después entramos en L'Etretat un precioso pueblo costero famoso por sus "Falaises" o agujas unidas a los enormes y bellos acantilados que flanquean su playa de guijarros. La afluencia de turistas se deja sentir en la dificultad de aparcar junto a la playa. Visitamos el farallón Oeste para poder fotografiar con el sol a la espalda, aunque también es posible subir al del Este como se ve en la fotos.
L'Etretat. Les Falaises- Al fondo farallón Este
Farallón Oeste

Y rumbo a Calais para dormir la segunda noche. Tal como preveíamos no tiene comparación alguna con los destinos anteriores. El atractivo principal son los ferrys y por supuesto el eurotúnel, ambos a Dover en la vecina Inglaterra. Estamos en la zona más estrecha del Canal de La Mancha (poco más de 32 kilómetros).
Calais- L´Hotel de Ville
Amanece pronto en estas latitudes así que antes de las 8:00 ya estamos en ruta. Dejamos a un lado Dunkerke porque hemos averiguado que tampoco tiene grandes atractivos, y a esta hora además es difícil que haya nada abierto. La parada es en Brugge donde la niebla y los 12 grados no impiden a los turistas pasear por las calles en calesa y en lancha por los canales. Los comercios empiezan a levantar las persianas y los alrededores de la plaza mayor o Groten Markt se animan mientras la banda municipal monta los instrumentos y se prepara para algún concierto matinal. Tomamos y compramos el preceptivo chocolate y sus derivados mientras observamos en los escaparates todo tipo de figuras elaboradas con él: relojes, cuadro de Vangogh, tablet y smaprtphone, zapatos de tacón... todo es replicable en chocolate. Eso y los bordados y encajes son el verdadero reclamo del arte de la ciudad.
Grote Markt
Bello rincón de Brujas
Fachadas típicas del casco histórico
Seguimos viaje pero se nos ocurre cambiar el aburrido itinerario por Gante y Amberes (Antwerpen) por una travesía por la zona suroeste de Holanda que atraviesa varios brazos de mar y pinta muy bien sobre el mapa. Las autovías dejan paso a carreteras de todo pelaje, incluso por un despiste en un hermoso y pequeño pueblo me veo obligado a emplear un camino de ancho más que dudoso para algo más que nuestro coche...
De autopistas de peaje... a "esto"
Pero todo tiene su recompensa y tras un primer canal que atravesamos por un túnel (de peaje) el resto disfrutamos de un paisaje típicamente holandés con amplias llanuras donde se alternan los cultivos y los prados. En Oosterschelder, uno de los diques sobre el que se atraviesan los canales localizamos el DeltaPark un curioso parque con actividades acuáticas, leones marinos y un paseo en barco con explicación de la misión y funcionamiento de las esclusas. Lo dejamos para visitarlo con David pues estamos a unos 170 km de su casa. En la parte oeste abierta al mar logramos ver la apertura de una esclusa para dar paso a un par de veleros. Lo he grabado en video. Es impresionante.
Dique de Oosterschelder
En el siguiente dique se halla un puerto deportivo Port Zelande con numerosas actividades náuticas: vela, windsurf... y unas gaviotas de lo más glotonas. Un lugar muy agradable y que ofrece un panorama que desconocíamos de Holanda. Tiene un continuo parking junto a las orillas con servicios (limpios) basureros bien distribuidos... Vamos, igual que made in Spain...
Curso de windsurf en Port Zelande
Poco después empezamos a vislumbrar el gigantesco puerto de Rotterdam y nos perdemos en uno de los numerosos anillos. Las señales indican Amsterdam y de repente desaparece el nombre de los carteles. Bueno, un poco de intuición, otro poco de GPS y aparecemos en De Haag o La Haya y poco después vemos los aviones del aeropuerto de Schipol atravesar la autoría por encima de nosotros. Qué espectáculo!!!
Y finalmente logramos llegar a casa tras algunas vueltas de más por Amsterdam; Hemos entrado por el oeste en vez de por el sur como siempre, y además hemos pillado algún corte de calle por fiestas, con lo que el GPS ha trabajado de lo lindo.

domingo, 12 de enero de 2014

Otra de Amsterdam en coche

Aprovechando que ha venido David a Bilbao y que tenemos que llevarle cosas al piso que ha comprado allí, repetimos la operación coche y a mediados de junio de 2013 cargamos el Espace hasta las cartolas (bici de monte incluída)  y nos vamos para Amsterdam Tere David y yo. Salimos de madrugada y conducimos por turnos de dos horas los dos mientras Tere vigila atentamente desde el único asiento trasero que llevamos. El amanecer en Landas es deslumbrante y con las obras ya casi finalizadas cubrimos distancia con rapidez y comodidad. El mediodía en París nos ralentiza mucho porque la circunvalación presenta tráfico muy denso con paradas intermitentes. En adelante circulamos nuevamente con fluidez hasta Antwerpen (Amberes) donde nuevamente nos detenemos intermitente y cansinamente. Así las cosas nos retrasamos un poco respecto a las previsiones pero llegamos a Binnenkant a las 20,30 más o menos. Descargamos algunas cosas básicas y llevamos el coche cargado casi por completo a Cisco para que duerma a resguardo de miradas y manos indiscretas. David trabaja el día siguiente y nosotros descansamos un poco paseando por Amsterdam, que esta vez nos parece familiar y acogedor. El clima y la luz ayudan mucho porque la temperatura es muy agradable y la lluvia casi no hace acto de presencia. El viernes se celebra la escrituración del piso. El notario es un personaje peculiar y agradable (lo contrario que por aquí) que baja a recogernos y nos ofrece café infusiones o refrescos. La ceremonia resulta chocante: todo el protocolo de lectura se realiza íntegramente en holandés (David ha contratado una traductora al inglés) mientras que la conversación se desarrolla en inglés. En realidad a Tere y mí como que nos da casi lo mismo... En un momento dado el notario se levanta con ceremonia y entrega a David el llavero de la casa y a continuación nos estrecha la mano a los tres con un jubiloso "Congratulations". Ya en el exterior el agente inmobiliario de la parte de David le entrega una cubitera, una botella de champagne y unas copas para brindar en la nueva casa. Me encanta Holanda...
A partir de ese momento nos toca traslado de Binnenkant a Westerdock pero antes a vaciar el coche en la nueva casa. Viaje va y viaje viene nos dan las 22:00 casi sin parar. El fin de semana es durísimo porque hay que hacer compras del mobiliario que David no tiene ya encargado, y allí las tiendas de muebles se agrupan en centros comerciales mayores que Max Center así que nos metemos una pateada de espanto que se agravaa en casa con el montaje de todo ello. Pero el resultado ha merecido la pena porque ha quedado todo muy bonito y funcional.
A lo largo de los días siguientes alternamos algunas tareas con paseos, compras menores y alguna excusión en coche a rincones ya conocidos donde nos sentimos cómodos: Zaandam, Zaanse Schans... No visitamos nada nuevo más que el parque nacional Hoge Veluwe con sus animales y museos, al que llegamos por Apeldoorn, curioso pueblo con casco antiguo que recuerda un tanto a Brujas y donde aprovechamos a comer.
Descubrimos los ferrys, servicio gratuito y permanente para peatones y bicicletas, que permite atravesar  el Amstel y llevar los paseos más lejos de lo habitual. He aprovechado para salir varios días en la bici, algunos con David (me dejaba el hierro a mí) o solo y me llevaba la mtb que, aunque vieja, le da mil vueltas a la suya.
Si ya el año pasado Amsterdam sorprendía por la amabilidad de las gentes y las facilidades de tránsito para peatones y bicicletas, esta vez he disfrutado de ello a bordo de las dos ruedas. Los coches te ceden el paso y es una maravilla discurrir entre calles, canales, campos y bosques siempre planos. Las únicas cuestas son las de los puentes que salvan canales o pasos acuáticos. Tere ha dicho que el próximo viaje llevamos su bici y se anima a pasear un rato también.
La última noche nos invitó David a cenar en Marken, hermoso pueblito costero a escasos kilómetros del centro de Amsterdam. Al día siguiente prontito arrancamos destino Francia para visitar el castillo de Angers y dormir en La Rochelle. El castillo no estaba mal aunque nos decepcionó un tanto. El famoso tapiz medieval se visita casi en penumbra para preservarlo. Es enorme aunque más bien se trata de un conjunto de piezas que representan escenas de la época. Lo más destacable la vista de la ciudad desde las altas murallas.
La Rochelle en cambio nos sorprendió gratamente por la belleza de su zona portuaria y el ambiente estival (nos recordaba mucho a la Costa del Sol) con restaurantes, artistas callejeros y tenderetes por doquier. Cenamos marisco con champán por un precio muy asequible. Al día siguiente visitamos las tiendas y compramos algún recuerdo. Y pasamos a la Isla de Ré, verdadero paraíso del kytesurf de las ostrerías, de los paseos en bicicleta y del turismo tranquilo. Sorprendente y muy hermosa isla cuyo faro en la punta norte me dí el gustazo de visitar (cientos de escalones a pie; poco recomendable subir deprisa...).
A mediodía emprendimos regreso y salvo la caravana al atravesar Bayona sin ningún incidente reseñable.
Es posible que repitamos este año 2014 de nuevo....